DORA Y LA CIUDAD PERDIDA

Semáforo VERDE

Hace unos años, Dora la Exploradora reinaba sin discusión entre los más pequeños. Sus diálogos al espectador, su intento de bilingüismo, sus canciones… la hacían muy adecuada para los peques. Tanto fue su éxito, que no tardó en aparecer Go, Diego, Go!, que con su primo como protagonista, seguía el estilo aunque con una temática más ecológica.

Bien, esos niños han crecido, y alguien ha tenido la idea de buscarlos en la película Dora y la ciudad perdida, que aunque en general es una película juvenil muy al estilo de la recientemente comentada Ohana, tiene un montón de guiños a la clásica serie de dibujos, y de hecho los mejores chistes de la película vienen a cuenta de eso, como cuando se evidencia la evolución en cuanto al aprendizaje o se cuestiona el positivismo quasi vomitivo de la protagonista. Eso sí, intentan darle algo más de «realismo» eliminando mapas o mochilas parlantes, dejándolos como que eran parte de sus juegos y su imaginación.

En general, quitando muy poca violencia de pequeña escala, no le vemos problemas, ni siquiera hay demasiado romance o situaciones que puedan plantear problemas de género. Tampoco le vemos demasiada relevancia a alguno de los clichés típicos de instituto que salen (Dora rápidamente es catalogada como friki y tiene que juntarse con los otros «bichos raros» del insti) o a que por «irse a vivir a la ciudad» en realidad se refieran a dejar su país sudamericano e irse a vivir a Estados Unidos. Es, en definitiva, la típica peli de aventuras juvenil que pretende ser divertida y entretenida. De hecho, lo peor que le vemos es que el traductor no ha respetado algunos clásicos de la serie como «Swiper, no robes» o el mítico «jolín» del zorro.

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