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DORA Y LA CIUDAD PERDIDA

Semáforo VERDE

Hace unos años, Dora la Exploradora reinaba sin discusión entre los más pequeños. Sus diálogos al espectador, su intento de bilingüismo, sus canciones… la hacían muy adecuada para los peques. Tanto fue su éxito, que no tardó en aparecer Go, Diego, Go!, que con su primo como protagonista, seguía el estilo aunque con una temática más ecológica.

Bien, esos niños han crecido, y alguien ha tenido la idea de buscarlos en la película Dora y la ciudad perdida, que aunque en general es una película juvenil muy al estilo de la recientemente comentada Ohana, tiene un montón de guiños a la clásica serie de dibujos, y de hecho los mejores chistes de la película vienen a cuenta de eso, como cuando se evidencia la evolución en cuanto al aprendizaje o se cuestiona el positivismo quasi vomitivo de la protagonista. Eso sí, intentan darle algo más de «realismo» eliminando mapas o mochilas parlantes, dejándolos como que eran parte de sus juegos y su imaginación.

En general, quitando muy poca violencia de pequeña escala, no le vemos problemas, ni siquiera hay demasiado romance o situaciones que puedan plantear problemas de género. Tampoco le vemos demasiada relevancia a alguno de los clichés típicos de instituto que salen (Dora rápidamente es catalogada como friki y tiene que juntarse con los otros «bichos raros» del insti) o a que por «irse a vivir a la ciudad» en realidad se refieran a dejar su país sudamericano e irse a vivir a Estados Unidos. Es, en definitiva, la típica peli de aventuras juvenil que pretende ser divertida y entretenida. De hecho, lo peor que le vemos es que el traductor no ha respetado algunos clásicos de la serie como «Swiper, no robes» o el mítico «jolín» del zorro.

OHANA, UN MAGNÍFICO TESORO

Semáforo ÁMBAR

Así, a modo de resumen rápido, podría calificarse como unos Goonies actualizados.

Familia urbanita que llega a la paradisíaca Hawaii, donde los hijos se aburren mientras la madre intenta resolver unos problemas con su padre (el abuelo de la prota). Dicha protagonista encuentra una especie de diario pirata contando cómo (y dónde) escondieron un tesoro, y allá que se va a buscarlo (con algunos amigos).

La historia es en sí sencilla y llevadera, y a los peques no les supondrá problemas. Incluso tiene detalles que les parecerán muy divertidos. Además aprenderán algo de la cultura hawaiana, que está metida a presión, casi como en esas películas españolas en las que pone dinero alguna Comunidad Autónoma y te meten los regionalismos de la misma sea como sea para que los veas bien y te quede claro lo chachi piruli que es esa CCAA.

En realidad, aunque como decimos la peli es bastante infantil y de las de aventuras más o menos amena, hay algunas cosillas que nos han llevado a ponerle el semáforo ámbar, como el que la historia en sí no deja de ser el relato de cómo la prota desobecede a todo el mundo y hace algo que sabe que está prohibido, o que tiene algún que otro cliché de género bastante casposo, sin olvidar las altas dosis de estereotipos y cultura norteamericanos (final moralista sentimentaloide incluido).

SUPERNIÑOS

Semáforo VERDE

Robert Rodriguez nos vuelve a ofrecer una película infantil al estilo de su ya semi clásica Spy Kids. De hecho, es prácticamente lo mismo pero actualizada y pasada por nuevos filtros de lo políticamente correcto. Hace poco que se estrenó en Netflix.

Así, nos encontramos a los superpoderosos hijos de los superhéroes del planeta, que deben salvar al planeta de una invasión alienígena una vez sus progenitores se demuestran incapaces de ello. Representantes de todo género y raza, mensajes positivos y optimistas, chistes y gracietas facilones, efectos especiales de «todo a 100», moralina y mensaje ecologista al final… La película lo tiene todo.

Su único punto negativo son algunas secuencias de peleas, pero bastante suaves, así que dado que no hace saltar ninguna otra alarma y nuestros sujetos de pruebas se quedaron embobados frente a la pantalla, sólo podemos darle el visto bueno.